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IMPRESIÓN 3D Y FABRICACIÓN DIGITAL. ¿UNA NUEVA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA?

Mariano Fressoli

Doctor en Ciencias Sociales (UBA), CONICET y CENIT

Adrian Smith

Catedrático de Tecnología y Sociedad al Science Policy Research Unit (SPRU) de la Universidad de Sussex

Un crecimiento exponencial

El mundo de las revoluciones tecnológicas inminentes tiene un nuevo postulante al podio: la fabricación digital. Las tecnologías de fabricación digital, y especialmente la impresión 3D, permiten digitalizar objetos en tres dimensiones y fabricarlos materialmente. Existe una creciente disponibilidad de herramientas de diseño y fabricación digital, tales como la impresión 3D, cortadoras láser, y tornos y fresadoras[1] de control numérico computarizado (CNC) que son a la vez poderosas, versátiles y trabajan de forma interconectada. Estas herramientas utilizan interfaces amigables, software de diseño intuitivo, disponen de tutoriales online, permiten el intercambio de archivos por internet e incluso utilizan programas de código abierto. Todo esto facilita el proceso de aprendizaje en la práctica y permite, por ejemplo, que un objeto diseñado en Argentina pueda fabricarse en Brasil, Colombia o en cualquier parte del mundo.

FUENTE: http://www19.iadb.org

Al mismo tiempo, las tecnologías de fabricación digital acortan los tiempos requeridos entre el diseño y la producción, permitiendo acelerar los mecanismos de producción flexible de pequeñas cantidades de productos. Así, la fabricación digital acentúa el rol de la economía de servicios y el ascenso de las capacidades de diseño y programación mientras que subvierte las formas tradicionales de producción manufacturera.

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Las herramientas de fabricación digital están generando una explosión de aplicaciones y usos y en la actualidad se puede producir casi cualquier cosa por estos medios. Los usos actuales de la fabricación digital incluyen joyas, vestimenta, muebles, maquinas, alimentos y prótesis, entre otros. Muchas de estas aplicaciones son copias o mejoras de procesos existentes, pero también hay aplicaciones más experimentales tales como, la construcción de casas, la producción de tejidos humanos, y la fabricación 3D de repuestos en la Estación Espacial Internacional (que produjo los primeros objetos fabricados fuera de la Tierra) y la impresión 4D[2].

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Dependiendo de los materiales que utilizan y de la precisión de las maquinarias, las impresoras pueden costar entre US$ 400 en el caso de las máquinas hogareñas hasta US$ 500.000 o más en el de los equipos industriales (Deloitte, 2013). La reducción en los costos de las máquinas favorece un creciente proceso de adopción de la tecnología. Así, mientras que en 2014 se calcula que se vendieron aproximadamente 108 mil impresoras a nivel mundial, para este año se estima que se venderán más del doble, alcanzando las 217 mil unidades (Gartner, 2014). Al mismo tiempo, el mercado total de la fabricación digital (incluyendo máquinas, software y servicios) también está creciendo de forma dramática: desde US$ 2.500 millones de dólares estimados 2013, se espera que alcance US$ 16.200 millones en 2018 (Earls y Baya, 2014).

Dada la diversidad de campos de aplicación, la rapidez de la innovación tecnológica y el enorme potencial de mercado, la fabricación digital se está convirtiendo en la tecnología disruptiva por excelencia, y algunos ya comienzan a comparar su potencial con el que hace 20 años mostraban las tecnologías de información y comunicación en general e internet en particular (Murphy, 2015). En este escenario, las promesas de la fabricación digital han atraído a grandes empresas, investigadores, políticos, emprendedores, arquitectos, diseñadores, makers y medios de comunicación.

Pero, ¿podrá la tecnología de fabricación digital estar a la altura de sus promesas de “revolución tecnológica”?

Según Pérez (2005) las revoluciones tecnológicas pueden considerarse como conjuntos de tecnologías, productos y formas de producción que promueven nuevas olas de desarrollo tecnoeconómico a largo plazo y modifican profundamente las estructuras sociales. En esta línea, una revolución tecnológica implicaría cambios paradigmáticos en la estructura de las organizaciones, la forma de gestión del conocimiento, la logística y el transporte, la energía y los materiales utilizados, las formas de empleo, etc.

En este artículo tomamos esta definición, con algunos reparos, para estudiar las promesas y desafíos que presenta la fabricación digital, resaltando los diferentes caminos de desarrollo y alternativas de innovación que implican este tipo de eventos. Con este fin, analizamos brevemente algunos de los antecedentes y potencialidades de la fabricación digital, luego presentamos dos escenarios en la región y finalmente proponemos algunos puntos para la construcción de nuevos espacios de innovación.

Dos momentos de la fabricación digital

Muchas de las herramientas tecnológicas que conforman la práctica de fabricación digital no son particularmente nuevas. Por ejemplo, el desarrollo de máquinas de CNC se remonta, al menos, a la década del cincuenta. El diseño asistido por computadora y la manufactura asistida comenzaron a utilizarse industrialmente en los años setenta y ochenta, mientras que el desarrollo de las primeras tecnologías de impresión 3D se remonta a mediados de la década del ochenta (Robben, 2013).

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Hazlo tu mismo – Las impresoras 3D ponen en jaque a las formas tradicionales de pensar la producción y el comercio

En realidad, lo novedoso que ofrece la fabricación digital en la actualidad se encuentra en las reducciones de los costos y escala de las tecnologías y un aumento de la versatilidad en el proceso de fabricación, lo cual ha producido herramientas cada vez más accesibles para los diseñadores, empresas y usuarios. Uno de los disparadores de este proceso ha sido la expiración de las patentes de los equipos de impresión 3D que fueron creados en la década de los ochenta. Por ejemplo, en 2009 expiró la patente del proceso de modelado por deposición fundida (conocidas como FMD por su sigla en inglés) que utiliza filamentos plásticos. La caída de la patente permitió una explosión de experimentación con nuevas impresoras (The Economist, 2013). Así, se creó la serie de impresoras RepRap que utiliza el modelo open source[3] y permite que cualquier usuario realice modificaciones y mejoras en las máquinas. Desde ese momento, la impresoras 3D FDM se convirtieron en un objeto de escritorio y su costo se redujo hasta menos de US$ 1.000 en los modelos fabricados por los usuarios (Mins, 2013).

A ello se le suma el ascenso de la cultura maker y el “hazlo tú mismo” como motor de la experimentación informal en fabricación digital. La motivación principal de la cultura maker es la solución de problemas, la experimentación con artefactos y el acceso irrestricto a la tecnología. En general, reúne viejos conocimientos de mecánica con electrónica básica y programación de software, pero también puede incluir tejido, jardinería, cocina o robótica. En gran medida son prácticas que se basan en la utilización de software abierto, herramientas descentralizadas de gestión del conocimiento y, de manera creciente, hardware open source[4]. El aprendizaje de estas herramientas va acompañado de una fuerte cultura emprendedora y creadora de nuevos modelos de negocios.

Apoyada en el creciente uso de nuevos medios electrónicos y plataformas web, la cultura maker facilita en gran medida el proceso de encuentro y colaboración entre aficionados, profesionales e investigadores de diferentes disciplinas (incluyendo arquitectos, diseñadores, artistas, ingenieros, biólogos, etc.) de la nueva ola de fabricación digital.

Sitios web como Instructables o Thingiverse permite a los usuarios subir y compartir sus propios diseños, programas y tutoriales para fabricar juguetes, drones y agregar controladores electrónicos como Arduino[5], etc. Estos repositorios han evolucionado hasta conformarse en espacios de aprendizaje online abiertos y su crecimiento ha atraído rápidamente el interés de las empresas[6].

En conjunto, estos elementos están abriendo posibilidades creativas para experimentar con nuevos roles sociales y nuevas trayectorias tecnológicas que podrían afectar los procesos de desarrollo (incluyendo cambios en las formas de producción, intercambio de bienes, modelos de negocios, nuevas formas de propiedad, y nuevas prácticas culturales y políticas).

Fabricación digital: oportunidades para el desarrollo local

La fabricación digital permite acortar el ciclo de desarrollo de productos desde la idea hasta el prototipo y testear nuevas ideas de manera rápida y barata. Este proceso también habilita a las empresas a flexibilizar su producción y cambiar diseños y productos a medida del cliente. En conjunto estas capacidades abren oportunidades para el desarrollo local y permite a las pequeñas industrias acceder a herramientas de diseño que antes se encontraban exclusivamente en manos de grandes firmas.

Otros elementos relevantes del ecosistema de producción de la fabricación digital son:

  • La utilización de herramientas de crowfunding como el sitio web Kickstarter en Estados Unidos o Ideame en América Latina permite financiar la transformación de prototipos en productos.
  • El uso simultáneo de canales de distribución locales y globales. La fabricación digital permite combinar la exhibición de productos en negocios locales con la venta de artículos online en a partir de páginas web. A partir del uso de tecnologías de fabricación digital, las pequeñas empresas pueden adaptar rápidamente su producción sin depender de grandes inversiones de capital o grandes stocks requeridos por las grandes cadenas de distribución. Al mismo tiempo, la venta online les permite recibir pedidos de cualquier lugar del mundo.

La flexibilidad en la producción y la capacidad para fabricar objetos a medida del cliente ha permitido a empresas artesanales del norte de Italia contrarrestar la competencia de los países asiáticos. Utilizando herramientas de fabricación digital en industrias especializadas como la fabricación de muebles, artículos de decoración del hogar como lámparas y zapatos, pequeñas firmas italianas lograron volver a crecer y competir globalmente. La introducción de scanners digitales, impresoras 3D y cortadoras laser les permitió realzar un elemento que distinguía a estas empresas: el diseño de calidad y así competir con la producción de bajo costo de China. Por ejemplo, un fabricante de zapatos de Mestre, Italia utiliza scanners para obtener imágenes del pie y realizar hormas únicas a medida del cliente. Esta misma tecnología le permite recibir pedidos de clientes en diferentes partes del mundo, y crecer aun cuando la demanda local no aumentaba (Faris, 2015).

Estos ejemplos pueden replicarse rápidamente en la región. Algunas empresas ya están utilizando herramientas y servicios de fabricación digital. La conjunción de estas con otros elementos de infraestructura como las nuevas fuentes de financiamiento y redes de distribución online son fundamentales para impulsar estas prácticas.

Nuevas visiones y desafíos

Para comprender este proceso de cambio es útil considerar como antecedente la introducción de las primeras formas de producir texto y diseño gráfico asistido por computadora. A fines de la década de 1980 las impresoras de escritorio comenzaron a comercializarse, generaron una nueva forma de concebir las publicaciones y el diseño gráfico. El acceso a las impresoras electrónicas permitió acelerar el proceso de creación y cualquiera con una computadora y los programas adecuados podían imprimir en su casa u oficina en minutos un folleto o un boceto de revista. Por supuesto, existe un abismo entre la impresión de folletos y la fabricación de objetos en impresión 3D, pero el proceso de desarrollo de digitalización del diseño, desarrollo de nuevos programas y facilitación del acceso es similar.

Programas como Tinkercad permiten a los niños de 6 o 7 años diseñar sus propios juguetes para luego fabricarlos

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Por ejemplo, si se quiere fabricar una copia de un juguete basta con escanear el objeto (hay aplicaciones para teléfonos celulares que ya permiten hacerlo), procesar la imagen y modificarla a gusto en la computadora. Luego solo resta imprimirlo. Se pueden hacer copias de obras de arte, imprimir una simulación de los planos de una casa, copiar esas plantillas especiales para los zapatos que es difícil conseguir y también de las piezas del motor de un viejo modelo de automóvil para las cuales ya no se encuentran repuestos. Programas como Tinkerkat permiten a los niños de 6 o 7 años diseñar sus propios juguetes para luego fabricarlos. Si uno no tiene una impresora en casa puede alquilar por hora un equipo o enviar el diseño a una empresa local que fabrica la pieza.

Las nuevas tecnologías de fabricación no solo liberan la creatividad del usuario. También generan nuevas oportunidades y modelos de negocios. Por ejemplo, OpenDesk es un sitio que ofrece diseños de muebles open source para poder fabricarlos localmente en cualquier lugar del mundo. Y la empresa Shapeways permite enviar un archivo digital e imprimir pequeñas series de productos. Contando con la posibilidad de replicar el diseño de casi cualquier objeto y producirlo en cualquier lugar del planeta, no es extraño que los modelos del siglo XX de protección intelectual, logística de bienes e incluso impuestos, estén crujiendo (Souminen, 2014).

Todos estos cambios pueden afectar las formas de consumo, producción y comercio. Sin embargo, es difícil decir todavía cuánto van a cambiar las estructuras e instituciones existentes. Y la superposición de diferentes perspectivas puede ser confusa. Por ejemplo, las visiones más optimistas y extendidas sobre la fabricación digital proponen la personalización del consumo y la democratización de la producción a partir de la automatización (Bohne, 2013).

A su vez, visionarios como Anderson sugieren que la nueva forma de fabricación está forzando una redistribución y descentralización de los centros globales de producción (Anderson, 2012). Esto significa que cuando se consideran escalas pequeñas de producción, los centros globales de manufactura (en particular China y los países asiáticos) no podrían ofrecer las mismas ventajas competitivas en términos de precio y calidad. Según esta visión, cualquier empresa local con capacidades de diseño y acceso a la fabricación digital estaría habilitada para competir por pequeños nichos de mercado a escala global.

Algunos autores van más allá y sugieren que las tecnologías de fabricación digital asociadas al modelo open source permiten acompañar un nuevo modo de producción entre pares basado en la cultura de los bienes comunes (Benkler y Nissenbaum, 2006), o la promoción de economías post-capitalistas (Rigi, 2014).

Sin embargo, no todas estas miradas de futuro son compatibles entre sí. Sin dudas, la fabricación digital puede favorecer o incluso acelerar algunos de estos escenarios. Pero difícilmente sea posible que todos se materialicen sin tensiones ni contradicciones. Si pensamos en ámbitos como el mercado, el empleo o el desarrollo sustentable, la alteración radical de las formas de producción genera oportunidades pero también preguntas sin respuesta. Algunos ejemplos pueden ayudar a pensar estos desafíos.

Por ejemplo, como vimos en el ejemplo de Tinkerkat, puede ser muy interesante incentivar a los niños a construir sus propios juguetes, quienes pueden superar ampliamente a los adultos en imaginación e ideas. Pero este proceso también afectará a la industria del juguete de manera insospechada. Una posibilidad es que se utilicen las herramientas de fabricación digital para copiar juguetes y fabricarlos en casa a un costo mucho menor[7]. En este contexto, no es descabellado pensar que muchas empresas desaparezcan y otras deban buscar nuevos nichos de mercado.

En el caso del empleo, estos cambios pueden ser más dramáticos. Si se toma el caso de la construcción: la experimentación con impresoras 3D que utilizan hormigón busca automatizar, simplificar y abaratar el proceso de fabricación de viviendas. Lo mismo sucede en la industria del juguete. A medida que los usuarios adquieren capacidad para copiar diseños y personalizar sus objetos necesitan menos de la manufactura a gran escala. Empresas como Hasbro y Mattel ya se encuentran explorando modelos de negocios que se basan más en la venta de software y las aplicaciones de modelado de juguetes que en la manufactura tradicional (véase Molitch-Hou, 2015). ¿Pero qué sucederá con la fuerza de trabajo en estas ramas industriales que usualmente emplean una alta proporción de trabajadores? ¿Cómo se incluirá a los trabajadores en la nueva forma de producción? Estas preguntas no son nuevas: la introducción de las primeras tecnologías de fabricación digital ya estaba asociada con una ola de preocupación social por la automatización de la producción y la posibilidad de construir fábricas sin trabajadores (Noble, 1984).

La sustentabilidad es otro tema poco explorado: generalmente se afirma que la fabricación digital reduciría el descarte de materiales y por lo tanto permitiría una producción más limpia. Pero, ¿qué sucedería si la baja de costos de fabricación induce una producción desenfrenada de artefactos? La reducción del descarte de material podría ser una ilusión si no se producen cambios profundos en la forma de consumo.

Estos ejemplos muestran que es preciso ser prudentes ante las predicciones exageradas de las revoluciones tecnológicas. En particular, la construcción de políticas de innovación debería tener en cuenta no solo beneficios presumidos de las nuevas tecnologías sino las relaciones de poder que se construyen entre la nueva forma de producción y las empresas manufactureras, las desigualdades en el acceso a la capacitación y empleo y las posibles externalidades de la tecnología en temas ambientales.

Para comprender mejor las limitaciones de las predicciones, en la siguiente sección observaremos brevemente los pronósticos hechos sobre las tecnologías de información y comunicación.

¿Revoluciones informáticas?

La revolución informática comparte una serie de rasgos y características similares a la fabricación digital (Deloitte, 2013). Justamente por eso resulta interesante comparar lo que se afirmaba sobre la “revolución informática” con lo los pronósticos actuales sobre la fabricación digital.

En la década de 1970 y 1980 los entusiastas de la revolución informática realizaron una infinidad de predicciones sobre el futuro de la sociedad: desde afirmaciones grandilocuentes acerca del fin de los Estados nación, el fin de la política o la extinción de las burocracias; hasta predicciones más mundanas sobre el trabajo y la vida en las oficinas como la muerte del papel en las oficinas, la inminencia del teletrabajo y emergencia de las empresas horizontales (Brown y Duguid, 2001).

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Por supuesto, los primeros pronósticos no se materializaron y los segundos recién comienzan a vislumbrarse. Sin embargo, ante la escasa comprensión de las nuevas posibilidades, las empresas comenzaron a perder el rumbo y adoptar modas de reingeniería de procesos guiadas por las tecnologías e información y comunicación. Los gurúes del management comenzaron a enseñarles a los gerentes a manejar sus empresas, y en muchos casos la reingeniería se convirtió en una excusa para la reducción de personal y la tercerización de servicios. (Brown y Duguid, 2001)

Este ejemplo muestra de qué manera las revoluciones tecnológicas, y en particular sus afirmaciones grandilocuentes, pueden producir efectos inesperados.

En realidad, cuando se piensa en la revolución informática, lo que aceleró los cambios no fue la tecnología sino la inversión estatal primero en investigación académica e iniciativas como Darpa, y luego la apertura hacia nuevas formas de experimentación y producción que permitió la participación de nuevos actores, incluidas pequeñas empresas y movimientos como el de software libre (Castells, 1999)

Grupos como el Homebrew Computing Club e instituciones académicas como la Universidad de California en Berkeley experimentaron con nuevos productos como la computadora personal, nuevas formas de producción colaborativa en software, y nuevas formas de propiedad como las licencias de open source (Weber, 2005). Fue la participación de diferentes actores sociales y la experimentación con diferentes alternativas lo que resultó realmente revolucionario y creó formas culturales totalmente novedosas.

En realidad, la historia de la revolución informática nos enseña que difícilmente una sola tecnología o modelo de gestión puede forzar el cambio y generar una nueva ola de desarrollo. El cambio radical es más bien el resultado de una combinación entre varias tecnologías y procesos sociales complejos. Estas fuerzas se interrelacionan y combinan, pero fundamentalmente son los actores sociales quienes impulsan y llevan adelante los cambios a nivel cultural, político y económico.

Es sobre esta base que argumentamos que la comprensión de las posibilidades de la fabricación digital que se consideran en la actualidad requiere un entendimiento de los procesos sociales que tienen lugar alrededor del desarrollo de estas tecnologías. Por lo tanto, cualquier potencial “revolucionario” en la fabricación digital debería ser cultivado a lo largo de una diversidad de espacios para permitir formas de experimentación plural con la tecnología.

Open source e innovación abierta: Nuevos modelos creativos

Durante buena parte de la era industrial la idea de innovación estuvo asociada al establecimiento de laboratorios de I+D basados en instrumentos de propiedad intelectual propietaria y prácticas de secreto industrial. Esta cultura, profundamente arraigada en las empresas y, más recientemente, en las instituciones académicas, está cambiando a partir del ascenso del open source y la innovación abierta.

Esta última constituye un nuevo modelo de creación de productos e ideas que aprovecha la creatividad de personas y expertos de diferentes disciplinas y pertenencias sociales. La idea básica de este modelo de innovación, se encuentra resumida en una de las máximas del software libre, que afirma: cuanto mayor es la cantidad de ojos, la solución a los problemas se convierte en obvia. De esta manera, la innovación abierta apela a la inteligencia colectiva para ampliar el potencial creativo. La implementación de estrategias de innovación abierta requiere de una serie de elementos que combinan:

  • Participación abierta: transformando a los usuarios en colaboradores. Cualquier usuario puede aportar a la definición de los problemas y soluciones. La colaboración no es obligatoria sino que está guiada por el interés común en resolver los problemas. Esto genera compromiso por parte de los participantes y permite aumentar la flexibilidad en la construcción de grupos de trabajo. Se evita que las personas se vean limitadas por las restricciones de pertenencia laboral o jerarquías arbitrarias.
  • Diversidad: permite incluir personas de diferente origen y formación. La posibilidad de mezclar diferentes saberes aumenta la creatividad, la capacidad para aprender en la práctica y, sobre todo, el aprendizaje por interacción. Cuando la participación se abre a comunidades online, la diversidad se multiplica de manera exponencial, permitiendo atraer expertos de diferentes partes del mundo.
  • Flexibilidad: a partir del uso de licencias abiertas cualquier persona puede modificar el diseño de las tecnologías o productos. Esto permite que los usuarios colaboren con los fabricantes en la resolución de errores o fallos. Pero también permite modificar los productos ad-hoc de acuerdo a nuevas necesidades y contextos.
  • Velocidad: las prácticas de innovación abierta aceleran el proceso de resolución de problemas. Los espacios experimentales como los fablabs ayudan a los emprendedores a construir el problema, aprender las capacidades necesarias para resolverlo y testear posibles soluciones en poco tiempo. En algunos casos, se utilizan prácticas aceleradoras de la creatividad, como los hackathones que proponen desafíos cognitivos e invitan a diferentes grupos a resolverlos en un período corto de tiempo.

Los fablabs constituyen un locus privilegiado para el desarrollo de innovación abierta ya que utilizan herramientas open source, establecen colaboraciones online con creativos de diferentes partes del mundo y establecen días específicos para la participación de personas que no trabajan diariamente en el laboratorio.

Algunas empresas están empezando a adoptar las metodologías participativas de innovación abierta que promueven los fablabs. En particular les interesa la facilidad para crear nuevos productos, hacer prototipos rápidos y desarrollarlos con un costo mucho más bajo que un laboratorio de I+D cerrado.

Escenarios de experimentación

El ejemplo anterior indica lo difícil que resulta predecir el rumbo del cambio tecnológico. Entonces, en lugar de pronosticar el futuro, parece más relevante tratar de comprender los espacios y redes de actores sociales que están experimentando con estas tecnologías. En esta sección presentamos dos escenarios actuales de la fabricación digital en la región y sugerimos algunas de sus posibles limitaciones.

En un primer espacio se encuentran una variedad de empresas locales y centros públicos y privados de investigación y desarrollo, y algunos sindicatos y cámaras empresarias que vienen ofreciendo servicios de transferencia de tecnologías y capacitación[8]. Estos actores promueven el aumento de la productividad, el desarrollo de nuevos productos y el acceso a los mercados convencionales de producción de bienes manufacturados. Algunos de ellos vienen trabajando desde hace tiempo en la fabricación digital orientada a la producción industrial y en su mayoría se concentran en la provisión de servicios de prototipado rápido e ingeniería reversa en materiales y maquinarias. Muchas de estas iniciativas aspiran a crear nuevos nichos de mercado en software, arquitectura, joyería, muebles o nuevos materiales de fabricación que compitan a escala global.

El mayor inconveniente de este escenario es que las instituciones que lo conforman, debido a sus trayectorias institucionales previas, suelen privilegiar espacios reducidos de producción de conocimiento: como los centros de investigación o las empresas. En algunos casos además descansan en modelos de secreto industrial o promueven mecanismos de protección intelectual cerrados. Como resultado, estos espacios corren el riesgo de desmotivar la colaboración abierta entre diferentes actores, desincentivando la exploración de nuevas aplicaciones y usos de la tecnología.

En el segundo espacio se encuentran las redes de laboratorios de fabricación digital (denominados fablabs) que incluyen arquitectos, diseñadores, aficionados a la electrónica y artistas digitales. Los fablabs son espacios abiertos, donde cualquiera puede acceder a las herramientas de fabricación digital, aprender su uso y proponer proyectos. El primero de ellos fue creado por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en el Centre for Bits and Atoms en 2001 y en la actualidad existen más de 440 centros en todo el mundo. Los fablabs se caracterizan por utilizar el mismo conjunto de herramientas[9] y capacidades, lo que les permite compartir diseños, códigos e instrucciones de fabricación. También se conectan entre sí través de medios electrónicos, en particular a partir de videoconferencias, para compartir aprendizajes y organizar proyectos.

En los fablabs es posible por ejemplo aprender a construir una impresora 3D básica o diseñar piezas y productos. También mezclan conocimientos de programación con electrónica básica, utilizando plataformas electrónicas como Arduino. Los proyectos en los fablabs incluyen desde la exploración de conocimiento popular en la construcción de telares digitales, la experimentación en arquitectura paramétrica o el diseño de instrumentos musicales, nuevas telas y joyas.

Uno de los proyectos de más alto perfil de la Red Latinoamerica de FabLas es la construcción de un laboratorio flotante de fabricación digital. El Fab Flotante (como se denomina el proyecto) se propone navegar por el Amazonas peruano, proveyendo servicios inclusivos a las comunidades de la región. Al mismo tiempo, se busca investigar y promover el uso de materiales locales, y experimentar con formas sustentables de fabricación de biomateriales y con dispositivos electrónicos de mapeo y conservación de especies[10].

A diferencia de los espacios enfocados en la producción industrial, los fablabs tienen como objetivo promover la experimentación y el aprendizaje con las nuevas tecnologías. Y, si bien no rechazan la cultura emprendedora, estos espacios en general respetan la cultura del software libre y ofrecen días abiertos al público en general, para que cualquier pueda participar de los talleres.

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Debido a su carácter informal y abierto, la experimentación con las tecnologías de fabricación digital que se realiza en los fablabs y otros espacios similares es lúdica y bastante espontánea. Es justamente este carácter informal el que puede resultar un obstáculo para estos espacios. Muchos de ellos no tienen formas de financiación continua para sostener las actividades diarias, mucho menos para sostener proyectos de investigación a largo plazo. Por lo tanto dependen de la realización de cursos, servicios a terceros y de la buena voluntad de sus integrantes para sostenerse.

Es tentador tratar de buscar oposiciones entre ambos espacios. Sin embargo, más allá de algunas diferencias ocasionales, lo que resulta interesante son las conexiones y aprendizajes mutuos que se establecen entre ellos.

A nivel global la red de fablabs ha recibido apoyos de empresas como Chevron y Nike. En Europa, Airbus creo en 2013 su propio fablab para experimentar con nuevos materiales y diseños. Esta empresa y otras como Renault y Air Liquide están creando su propia red de fablabs corporativos (Passebon, 2014). Este hecho demuestra el creciente interés que genera la cultura innovadora de los fablabs a la vez que presenta dudas sobre hasta qué punto las empresas podrán mantener la cultura open source que moviliza la creatividad colectiva.

A nivel regional también se observan cruces entre espacios formales como universidades, empresas y fablabs. En Brasil, la empresa de cosméticos Natura realizó en 2014 junto con Fablab Brasil y el MIT para el desarrollo de nuevos productos. En Argentina, el CMDlab logró desarrollar junto con investigadores de la Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires, modelos físicos de dentaduras a partir de utilizar imágenes de resonancias. Esta técnica permitió simplificar y eliminar riesgos en las cirugías dentales complejas[11].

En este sentido, varios de los momentos más creativos de la fabricación digital parecen suceder cuando se establecen espacios híbridos de experimentación que combinan saberes formales y académicos con la experimentación informal que se produce en los fablabs makerspaces[12].

Impresión 3D, producción y comercio: cuando el diseño es casi todo

Por Rosario Campos[13]

La fabricación digital no solo se distingue de la manufactura tradicional por ser aditiva, sino que implica un cambio interesante en los procesos de producción, comercio y consumo. Esta tecnología tiene un carácter disruptivo que deriva de la digitalización de bienes que solían ser físicos (Vazhnov, 2014): el diseño de los productos pasa a ser más importante que los bienes mismos y cobra relevancia el intercambio de archivos digitales.

La impresión 3D modifica la relación entre eficiencia y cantidad producida. En industrias con altos costos fijos, la eficiencia está vinculada a las economías de escala: los costos se reducen a medida que se incrementa la producción total y se fabrican masivamente productos estandarizados. En oposición, la fabricación digital puede producir de forma eficiente en una escala pequeña. Ello podría reducir las barreras de entrada en determinadas industrias, permitiendo ingresar a empresas medianas y pequeñas innovadoras. También puede favorecer el desarrollo de productos a través de prototipos, sin necesidad de grandes inversiones en nuevas líneas de producción.

En la actualidad, en la estrategia comercial de las empresas son fundamentales los canales de distribución (cómo llega el bien al consumidor), las cadenas de suministro y la gestión de inventarios. La impresión 3D permite menores tiempos de entrega, la producción a medida, personalizada y la fabricación de bienes muy distintos con el mismo hardware. Además, combinada con el escaneo 3D, permite reparar o mejorar bienes existentes. En este marco, los consumidores con acceso a esta tecnología pueden pasar a ser productores o prosumers, lo que se identifica con una tendencia de “democratización” (Anderson, 2012).

Entre las visiones positivas, Birtchnell y Hoyle[14] (2014) argumentan que la impresión 3D tiene un enorme potencial para enfrentar problemas sociales, combatir la pobreza e impulsar economías en crisis. Los autores sostienen que ofrece a las economías en desarrollo la posibilidad de ser más autosuficientes y menos vulnerables a los shocks de la economía global. Además, argumentan que las impresoras 3D de bajo costo pueden contribuir a la inclusión, creando oportunidades locales de innovación para emprendedores.

En este marco, ¿conducirá la fabricación digital a un cambio radical en las formas de producción y a una nueva “revolución industrial” (The Economist, 2012)? Aun con las dificultades para formular predicciones en este ámbito, esta tecnología parece tener una gran perspectiva, y posiblemente será complementaria a los modos de producción actuales, con procesos híbridos que involucren a ambos (WTO, 2013).

La difusión y alcance de esta tecnología dependerán de la velocidad de reducción de los costos de las impresoras 3D, del software y de los materiales. Si bien el software puede ser gratuito basado en código abierto, hoy los materiales necesarios para la impresión 3D son entre 10 y 100 veces más caros que los insumos utilizados en los procesos de producción tradicional (Vazhnov, 2014).

Es importante reflexionar acerca de algunas implicancias que podría tener el avance de la impresión 3D sobre los patrones de comercio globales.

  • Podría favorecer el comercio internacional de diseños y de bienes digitales en detrimento del intercambio de bienes físicos, que perderían relevancia en el sistema internacional de transporte y logística de mercancías, reduciendo los costos y esperas en las aduanas.
  • El aumento en la demanda de nuevos materiales sería una enorme oportunidad para los países en condiciones de ofrecerlos.
  • Al localizarse cerca o en el propio hogar de los consumidores y ser menos intensiva en empleo, la impresión 3D podría erosionar las bases de especialización en manufacturas, especialmente aquella basada en salarios bajos, como el caso de China y otros países asiáticos o México y Centroamérica en la región. En cambio, potenciaría la internacionalización de empresas pequeñas y emprendedores enfocados en el diseño de productos. Un ejemplo de ello se encuentra en la industria del juguete, donde la impresión 3D tiene un enorme potencial, a través de la co-creación y personalización y utilizando un material simple como el plástico.
  • Implica diversos desafíos para el sistema multilateral de comercio, desde su medición (es más fácil controlar bienes que cruzan fronteras que el comercio de servicios), la asignación de derechos de propiedad, hasta asegurar de la calidad de los productos a través de ciertos estándares técnicos, sanitarios, etc. Esto es particularmente relevante en los casos vinculados a la salud (ej. prótesis o órganos, etc.).

Suominem (2014a y 2014b) sostiene que el mayor riesgo en este sentido es que las reglas internacionales del comercio internacional y la política comercial ofrecen poca orientación al respecto y parecen ir por detrás de estas innovaciones.

En el mismo sentido, Casanueva (2015) afirma que la impresión 3D plantea un desafío para la capacidad prospectiva y anticipatoria del sistema multilateral de comercio y de los acuerdos de libre comercio, inversiones y propiedad industrial. Además, señala que la impresión 3D involucra desde la definición de impuestos aplicables a la provisión de programas y diseños hasta la protección de derechos de propiedad intelectual e industrial con respecto a la invención, patentes y diseño de archivos digitales. Así, se reaviva un debate sobre propiedad intelectual y patentes, iniciado con la era de Internet.

¿Qué está sucediendo en América Latina? Los países que lideran la industria de la impresión 3D son Estados Unidos, Japón, Alemania, China, el Reino Unido, Italia, Francia y la República de Corea. No obstante, América Latina están avanzando en esta área (UNIDO, 2015). Sin constituir una lista representativa o completa, se mencionan algunas experiencias en países de la región:

  • Brasil. La empresa Robtec es líder en la industria en la región y provee servicios a grandes compañías automotrices y de aviación. Fue comprada recientemente por 3D Systems, creando 3D Systems Latin America, con el objetivo de desarrollar una plataforma estratégica para acelerar la adopción de esta tecnología en la región.
  • Argentina. Las empresas Trimaker y KikaiLabs son algunas de las pioneras que producen impresoras 3D. El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) elabora un mapa de actores vinculados a la impresión 3D.
  • ChileThinkerThing es un proyecto enfocado principalmente en niños para que puedan diseñar sus propios juguetes.
  • Colombia. En la Universidad Konrad Lorenz los alumnos de las carreras de Ingeniería diseñan y prueban objetos y productos.

Las experiencias con la impresión 3D muestran que tiene el potencial de generar soluciones innovadoras y personalizadas a escala global y para la región. Aun sin considerar una visión exageradamente optimista, para los países de América Latina constituye una oportunidad para mejorar la inserción en las cadenas globales de valor a través del diseño de bienes.

En este sentido, aprovechando los caminos recorridos por empresas privadas y políticas públicas, sería importante continuar promoviendo el desarrollo de esta tecnología y su apropiación por parte de emprendedores y empresas de menor tamaño relativo, considerando también los aspectos regulatorios para contener posibles riesgos y efectos negativos.

Hacia la construcción de espacios de innovación

Después de mucha excitación sobre el futuro de la fabricación digital, algunas voces han comenzado a expresar sus dudas y advertencias[15]. Una crítica recurrente es la distancia que existe entre las pretensiones de cambio tecnológico y económico de la fabricación digital y las resistencias, dificultades y aún riesgos que pueden llegar a producir estos cambios[16]. En el fondo, lo que estas críticas señalan es que, tal como sucedió con otras “revoluciones tecnológicas”, ninguna de estas visiones constituye una guía del futuro.

Estas críticas deberían ser bienvenidas: una vez que logran despejarse las afirmaciones exageradas sobre la “próxima revolución industrial” empiezan a vislumbrarse elementos tanto o más valiosos de la fabricación digital que es posible explorar en la región.

Es este punto es importante reconocer que las redes de fabricación digital generan nuevos espacios de experimentación que desafían pero también complementan los espacios formales como universidades y centros de investigación. Los nuevos talleres como los fablabs makerspaces ofrecen oportunidades para acceder a la fabricación digital y participar concretamente de las posibilidades y controversias que estas tecnologías generan.

En los talleres y laboratorios abiertos es posible observar cómo la gente se involucra con la fabricación digital y qué tipos de relaciones sociales construyen a partir de los proyectos que comparten. Estas experiencias también resultan significativas para las instituciones públicas interesadas en apoyar la educación y el acceso a nuevas tecnologías como forma de inclusión social.

Recientemente algunas universidades, instituciones educativas e incluso ciudades como Barcelona y San Pablo han comenzado a tomar nota de estas experiencias y a intentar replicarlas[17]. Pero como ha descubierto rápidamente el ayuntamiento de Barcelona, no todos comparten la misma visión de futuro, ideas de inclusión y participación respecto de la fabricación digital (Smith, 2015). Es importante que estos espacios atiendan el contexto en el que se inscriben y mantengan la misma apertura y diversidad que atraviesa a los talleres informales incluyendo el acceso a personas de diversos niveles educativos, capacidades y género.

La participación en este nivel es clave porque permite abrir ámbitos de reflexión sobre la dirección del cambio tecnológico, introduciendo nuevos tópicos como el libre acceso al conocimiento y la producción sustentable. La experimentación permite entender además cómo los nuevos usos, bienes, formas de intercambio y propiedad podrían conectarse con la economía. A partir de ellos quizás sea posible comprender qué nuevas formas organizacionales y culturales están emergiendo, y si efectivamente llevarán a la aparición de formas de organización descentralizadas y democráticas, a la modificación de los patrones de trabajo y consumo, o a un incremento de los mecanismos de control y exclusión.

Creemos que la fabricación digital proporciona una nueva oportunidad para el desarrollo social y económico de la región que podría beneficiar tanto a emprendedores, como a pequeñas empresas y promover nuevas formas de inclusión. Pero al mismo tiempo, es necesario reconocer las asimetrías que las nuevas tecnologías producen, en términos de acceso a mercados, empleo, y sustentabilidad. Estas asimetrías podrían implicar además barreras para el acceso a las tecnologías y el conocimiento. Sin políticas de acceso e innovación abierta, la fabricación digital podría reforzar las desigualdades existentes.

Es importante fomentar el acceso a la fabricación digital a la vez que se promueve una participación diversa que tienda puentes entre las instituciones formales de ciencia y tecnología, los espacios más informales y las empresas. Más allá de las promesas y fascinaciones de la fabricación digital, es fundamental abrir el debate y la experimentación para poder elegir colectivamente y de forma democrática las direcciones del cambio tecnológico.

Fabricación digital: oportunidades para el desarrollo local

La fabricación digital permite acortar el ciclo de desarrollo de productos desde la idea hasta el prototipo y testear nuevas ideas de manera rápida y barata. Este proceso también habilita a las empresas a flexibilizar su producción y cambiar diseños y productos a medida del cliente. En conjunto estas capacidades abren oportunidades para el desarrollo local y permite a las pequeñas industrias acceder a herramientas de diseño que antes se encontraban exclusivamente en manos de grandes firmas.

Otros elementos relevantes del ecosistema de producción de la fabricación digital son:

  • La utilización de herramientas de crowfunding como el sitio web Kickstarter en Estados Unidos o Ideame en América Latina permite financiar la transformación de prototipos en productos.
  • El uso simultáneo de canales de distribución locales y globales. La fabricación digital permite combinar la exhibición de productos en negocios locales con la venta de artículos online en a partir de páginas web. A partir del uso de tecnologías de fabricación digital, las pequeñas empresas pueden adaptar rápidamente su producción sin depender de grandes inversiones de capital o grandes stocks requeridos por las grandes cadenas de distribución. Al mismo tiempo, la venta online les permite recibir pedidos de cualquier lugar del mundo.

La flexibilidad en la producción y la capacidad para fabricar objetos a medida del cliente ha permitido a empresas artesanales del norte de Italia contrarrestar la competencia de los países asiáticos. Utilizando herramientas de fabricación digital en industrias especializadas como la fabricación de muebles, artículos de decoración del hogar como lámparas y zapatos, pequeñas firmas italianas lograron volver a crecer y competir globalmente. La introducción de scanners digitales, impresoras 3D y cortadoras laser les permitió realzar un elemento que distinguía a estas empresas: el diseño de calidad y así competir con la producción de bajo costo de China. Por ejemplo, un fabricante de zapatos de Mestre, Italia utiliza scanners para obtener imágenes del pie y realizar hormas únicas a medida del cliente. Esta misma tecnología le permite recibir pedidos de clientes en diferentes partes del mundo, y crecer aun cuando la demanda local no aumentaba (Faris, 2015).

Estos ejemplos pueden replicarse rápidamente en la región. Algunas empresas ya están utilizando herramientas y servicios de fabricación digital. La conjunción de estas con otros elementos de infraestructura como las nuevas fuentes de financiamiento y redes de distribución online son fundamentales para impulsar estas prácticas.

Open source e innovación abierta: Nuevos modelos creativos

Durante buena parte de la era industrial la idea de innovación estuvo asociada al establecimiento de laboratorios de I+D basados en instrumentos de propiedad intelectual propietaria y prácticas de secreto industrial. Esta cultura, profundamente arraigada en las empresas y, más recientemente, en las instituciones académicas, está cambiando a partir del ascenso del open source y la innovación abierta.

Esta última constituye un nuevo modelo de creación de productos e ideas que aprovecha la creatividad de personas y expertos de diferentes disciplinas y pertenencias sociales. La idea básica de este modelo de innovación, se encuentra resumida en una de las máximas del software libre, que afirma: cuanto mayor es la cantidad de ojos, la solución a los problemas se convierte en obvia. De esta manera, la innovación abierta apela a la inteligencia colectiva para ampliar el potencial creativo. La implementación de estrategias de innovación abierta requiere de una serie de elementos que combinan:

  • Participación abierta: transformando a los usuarios en colaboradores. Cualquier usuario puede aportar a la definición de los problemas y soluciones. La colaboración no es obligatoria sino que está guiada por el interés común en resolver los problemas. Esto genera compromiso por parte de los participantes y permite aumentar la flexibilidad en la construcción de grupos de trabajo. Se evita que las personas se vean limitadas por las restricciones de pertenencia laboral o jerarquías arbitrarias.
  • Diversidad: permite incluir personas de diferente origen y formación. La posibilidad de mezclar diferentes saberes aumenta la creatividad, la capacidad para aprender en la práctica y, sobre todo, el aprendizaje por interacción. Cuando la participación se abre a comunidades online, la diversidad se multiplica de manera exponencial, permitiendo atraer expertos de diferentes partes del mundo.
  • Flexibilidad: a partir del uso de licencias abiertas cualquier persona puede modificar el diseño de las tecnologías o productos. Esto permite que los usuarios colaboren con los fabricantes en la resolución de errores o fallos. Pero también permite modificar los productos ad-hoc de acuerdo a nuevas necesidades y contextos.
  • Velocidad: las prácticas de innovación abierta aceleran el proceso de resolución de problemas. Los espacios experimentales como los fablabs ayudan a los emprendedores a construir el problema, aprender las capacidades necesarias para resolverlo y testear posibles soluciones en poco tiempo. En algunos casos, se utilizan prácticas aceleradoras de la creatividad, como los hackathones que proponen desafíos cognitivos e invitan a diferentes grupos a resolverlos en un período corto de tiempo.

Los fablabs constituyen un locus privilegiado para el desarrollo de innovación abierta ya que utilizan herramientas open source, establecen colaboraciones online con creativos de diferentes partes del mundo y establecen días específicos para la participación de personas que no trabajan diariamente en el laboratorio.

Algunas empresas están empezando a adoptar las metodologías participativas de innovación abierta que promueven los fablabs. En particular les interesa la facilidad para crear nuevos productos, hacer prototipos rápidos y desarrollarlos con un costo mucho más bajo que un laboratorio de I+D cerrado.

Notas

[1]Las fresadoras son máquinas herramientas que devastan materiales como madera, hierro, acero para obtener formas diversas y se pueden utilizar para realizar mecanizados de piezas, moldes, o prototipos.

[2] Entre las aplicaciones todavía experimentales (sin uso comercial) cabe mencionar la denominada impresión 4D que está siendo desarrollada por la empresa Stratasys en colaboración con el laboratorio de Auto-ensamblado del MIT. La impresión 4D consiste en la fabricación de diferentes capas de elementos que permiten programar los materiales usados para que el objeto cambie de forma. Stratasys (S/D).

 

[3] Las licencias open source permiten usar, modificar, redistribuir el código fuente del software sin necesidad de pagar al autor original, pero manteniendo el reconocimiento de la autoría. Originalmente utilizadas para software, las licencias open source se utilizan ahora para hardware, abarcando una nueva variedad de productos incluyendo microprocesadores, impresoras 3D, maquinas herramienta, etc. Véase Weber (2005).

[4] Uno de los ejemplos paradigmáticos, del uso de open hardware en fabricación digital es el caso de las impresoras 3D RepRap. De forma similar a Linux, RepRap comenzó en 2005 como un proyecto universitario del Dr. Adrian Bowyer de la Universidad de Bath, con el objetivo de construir una impresora auto-replicable. En la práctica se trataba de construir una impresora que pudiera imprimir las partes para construir una nueva impresora. A partir de la colaboración online en blogs y wiki, los usuarios fueron construyendo copias de la primera impresora y también realizando modificaciones que documentaban y disponibilizaban online. La construcción de una impresora RepRap constituye muchas veces uno de los primeros momentos de aprendizaje de los entusiastas de la fabricación digital. Otros ejemplos de hardware open source son el controlador electrónico abierto Arduino que permite a los usuarios utilizar diferentes softwares y modificar su placa electrónica, y proyectos de microcomputadores como Raspberry Pi. En Argentina se está llevando a cabo el proyecto de la primera Computadora Industrial Abierta Argentina a partir de un consorcio financiado por 17 universidades y algunas empresas y apoyado por la Fundación Sadosky. El objetivo es construir una microcomputadora que puede ser reutilizada, fabricada y modificada libremente por usuarios y empresas.

[5] Arduino es un placa electrónica de código abierto que utiliza un entorno digital programable que permite controlar diferentes sensores como luces, osciloscopios, y placas de sonido. Al utilizar elementos open source, tanto en el hardware como en el software, Arduino se popularizó rápidamente en el mundo maker y dio lugar a una gran variedad de versiones de la placa y diferentes usos.

[6]Por ejemplo, la empresa de software Autodesk compró en 2011en el sitio Instructables.

[7] Un caso ilustrativo y reciente de esta práctica es la controversia que se generó en el famoso juego del Superbowl, durante un show que realizó la cantante Norteamericana Kate Perry. Después el show, el diseño de un disfraz que se utilizó en su performance – un tiburón azul – fue subido al sitio Shapeways y disponibilizado para su impresión. Inmediatamente fue descargado por miles de usuarios. Los abogados de Kate Perry solicitaron que esta copia se bajara del sitio argumentando la violación de la propiedad intelectual del diseño. Sin embargo el modelador que copió la pieza se resistió a hacerlo, dando lugar al comienzo de una batalla legal sobre el derecho a copia de objetos fabricados en impresoras 3D (véase Butler Millsaps, 2015)

[8] En Argentina por ejemplo, entre los laboratorios públicos se encuentran el Centro de Diseño Industrial en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Laboratorio de Modelado Avanzado del Centro de Investigaciones Científicas y Técnicas para Defensa (CITEDEF). En el caso de fundaciones y asociaciones empresarias se encuentran: la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la Argentina (ADIMRA) y el Centro Tecnológico de Arteaga, mientras que el Ministerio de Ciencia , Tecnología e Innovación Productiva (MINCYT) ha lanzado recientemente dos líneas de financiamiento para la compra de maquinarias en empresas y Universidades Nacionales. En Brasil se puede mencionar el Laboratorio de Automatización y Prototipado para Arquitectura y Construcción (LAPAC) que funciona en la Universidad de Campinas, el Laboratorio de modelos tridimensionales (LAMOT), del Instituto de Tecnología Industrial y el FabLab del Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial del Estado de Rio de Janeiro (SENAI), entre otros. En Colombia la Universidad Pontificia Bolivariana creó en 2011 un fablab en conjunto con la empresa de Rhino 3D. En Chile se pueden mencionar el Laboratorio de Modelado CAD/CAM de la Universidad Andrés Bello, el Laboratorio de Prototipado Digital de la Universidad de Chile, y el Laboratorio de Fabricación Digital de la Universidad Mayor – Sede Temuco. En Uruguay se encuentra el Laboratorio de Fabricación Digital Montevideo de la Universidad de la República.

[9]Típicamente, esto incluye: una impresora 3D, una cortadora laser, una cortadora de vinilo, una fresadora CNC, entre otros. Equipar un fablab con estas herramientas puede llegar a costar alrededor de US$ 100.000, por lo cual muchos fablabs en la región intentan compartir maquinarias y construyen sus propias impresoras.

[10]Véase: http://amazon.fablat.org/en

[11]Un caso similar de colaboración es el que realizó el Laboratorio del Centro Tecnológico de Arteaga junto con la Carrera de Diseño Industrial de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la Universidad Nacional de Córdoba y la Cámara de Industriales Metalúrgicos y de Componentes de Córdoba (CIMCC) para la construcción de modelos de tejidos pre-operatorios a partir de imágenes de resonancias magnéticas. Vease: Industrial, L. d. M.-I. D. (2013). Se está haciendo impresión 3D para planeamiento quirúrgico.

[12]De manera similar a los fablabs, los makerspaces pueden ser espacios autogestionados o privados que promueven la reunión y trabajo colaborativo. A diferencia de los fablabs, los makerspaces están menos centrados en la fabricación digital y más en la cultura hazlo-tu-mismo y la programación de software.

[13] Licenciada en Economía (UBA), Magíster de la Universidad de San Andrés y consultora del BID-INTAL. La autora agradece la colaboración de Romina Gayá.

[14] Hoyle es el CEO de techfortrade, una institución sin fines de lucro que busca fomentar tecnologías innovadoras para facilitar el comercio y aliviar la pobreza.

[15]Para una revisión de estas críticas véase: Hielscher et al. (2015).

[16] Véase en particular: Cohen (2014).

[17]Por ejemplo, la Universidad Nacional Arturo Jauretche en Argentina está creando su propio fablab que se suma al MingaLab de la Universidad de Lanús. En San Pablo existen varios fablabs, universitarios, como el que funciona en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de San Pablo (USP). Recientemente, la prefectura de la ciudad de San Pablo anunció que planea crear una docena de fablabs públicos en 2013, véase: García (2015).

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